lunes, 31 de diciembre de 2018

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Bienvenidos a Una Locura de Película, un sitio de crítica cinematográfica en continua transformación. Creado a finales del 2008 por Rodrigo Moral, único administrador, procura tanto comentar algunos de los títulos más significativos de la actualidad como analizar algunos clásicos consagrados. Toda apreciación es subjetiva y el público está invitado a plasmar en los comentarios la suya. 
Además, es necesario aclarar que este sitio no difunde links de descarga ni está asociado a ningún servidor de descargas. 

Por cualquier duda que tengan, están invitados a escribir debajo, o a enviar un mail a rodrigomartinmoral@hotmail.com, actual dirección de correo electrónico de quien les habla, y que además los saluda atentamente.

martes, 13 de febrero de 2018

El hilo invisible


Atención: el comentario contiene spoilers.

CRITICA
El hilo invisible (Phantom thread, 2017)
Dir.: Paul Thomas Anderson.


Una de las discusiones recurrentes dentro del séptimo arte está estrechamente ligada a la cuestión de los límites del acontecimiento cinematográfico. ¿Cómo enmarcar una obra? ¿Cuándo comienza y/o cuándo culmina? ¿Realmente culmina, o las películas siguen rodándose dentro de nuestras mentes? Son preguntas que uno nunca deja de plantearse y que, a pesar de no contar con una respuesta unívoca, funcionan como disparadores más que interesantes para analizar cuanto ocurre dentro de ellas desde el acto primigenio, el momento en que comienza a gestarse. En el proceso, la publicidad y los nuevos medios de difusión van preparando la pista de aterrizaje de un film aún por hacerse. Y las expectativas de la audiencia van modificándose conforme a los diversos modos en que una obra es presentada antes de su estreno definitivo. En ese sentido, Paul Thomas Anderson nunca ha dado demasiados detalles y, por tratarse de un libreto original (es decir, que no toma como base un material que haya sido publicado con anterioridad), apenas ha ofrecido algunas pistas para que sus fanáticos lidien con el misterio de un proyecto en ciernes. Es probable que ni el propio autor supiera con exactitud en qué acabaría todo aquello, de modo que los ávidos cinéfilos debimos conformarnos con dos o tres imágenes que sugerían más bien poco, y unos comentarios que apuntaban a un drama de época sobre un reconocido diseñador de indumentaria.

Este párrafo introductorio no tiene mayor finalidad que la de dejar en claro que Phantom Thread, su octavo largometraje, es tanto una obra sobre moda como lo es sobre gastronomía, del mismo modo que The Master no era exactamente una reflexión sobre la cienciología, que There will be blood no era un relato sobre el petróleo, o que Boogie Nights no era una breve historia del cine pornográfico. En cualquier caso, y revisando la filmografía del director, no cabe duda de que el núcleo dramático está puesto en el modo en que los personajes se relacionan entre sí, y más puntualmente en las distintas formas a través de las cuales estos individuos se sirven de sus herramientas, de su arte o de sus conocimientos para manipular a los otros a su antojo y así alcanzar una finalidad específica, que al parecer está vinculada con el amor, aunque resulta un tanto arduo afirmarlo con absoluta seguridad. No son demasiados los personajes relevantes en esta película; tan sólo son cuatro: el modisto, Reynolds Woodcock; Cyril, su hermana; Alma, una joven a la que acaba de conocer; y su difunta madre, cuyas esporádicas manifestaciones resultan sumamente reveladoras, aun cuando sean mediante anécdotas, fotografías o alucinaciones. Ambos hermanos conducen la Casa Woodcock, de enorme prestigio dentro de la sociedad británica, y que demanda, desde luego, una dedicación que no da lugar a distracciones. De ahí que la vida personal de los hermanos, solteros y de avanzada edad, quede eclipsada frente a la agitada vida profesional, tal como lo demuestra la primera cita entre Reynolds y Alma, que sin previo aviso pasa de ser una tierna velada a una jornada laboral.

La joven se confunde con el resto de las modelos y, si bien goza de una posición privilegiada dentro de ese microcosmos convulsionado, constantemente queda relegada en la esfera íntima del hombre, cuya actitud quisquillosa, mal humor y modo de imponerse, ya sea como mecanismo de defensa o como parte esencial de su ser, siempre la ridiculizan o la muestran incapaz de estar a la altura, de marcar una diferencia, volviéndose así una más de la interminable serie de musas inspiradoras. Ella es perfectamente consciente de lo que pretende: está enamorada y está dispuesta a todo para conquistar al hombre (ya no al modisto). Su mayor dificultad es que, tal como exhibe su acento, es extranjera; no solamente en el país, sino también en aquella casa, y debe ingeniárselas para pertenecer allí. Pero en la vereda de enfrente está Cyril, la hermana, de mirada extraviada y rostro impasible, cuya omnipresencia en la vida de Reynolds da a entender que es ella quien maneja los piolines de su existencia. La orfandad y la falta siempre exige amores sustitutos, y no es difícil de pensar que la hermana fuera la persona más cercana a la que aferrarse tras la muerte de su madre. Sus inquietantes apariciones en cenas románticas y encuentros íntimos dejan entrever los hilos que la atan a su hermano, al punto que su ausencia lo desestabiliza por completo.

Dicho esquema de relaciones humanas desviadas y sometimiento deliberado no dista mucho de la ya mencionada obra del cineasta The Master, contemporánea (transcurre en la década de 1950), aunque no coterránea. En aquella, la vida de Freddie, un veterano de guerra errante y enfermo cambia por completo luego de conocer a Lancaster, un guía espiritual e intelectual que lo convoca, y con quien forja un nexo inquebrantable. Ahora bien, cualquiera intuiría que estas relaciones (entre un guía y un hombre confundido) son unidireccionales; sin embargo, todos tienen sus puntos más débiles, y está en la astucia de los hombres encontrarlos. El pacto que establecen ambos consiste en una suerte de amaestramiento espiritual, a cambio de unos misteriosos tragos que se encarga de preparar el propio Freddie. Es parte de sus conocimientos y talentos, y que ha puesto en práctica cuando mató a un hombre, antes de llegar al barco. El contenido de estas bebidas es desconocido, pero se subraya su carácter adictivo y, tal vez por su graduación alcohólica, permite que quien los prepare también los utilice como un mecanismo para ejercer un tipo de poder. De manera que, al menos entre ellos dos, puede hablarse de un sometimiento recíproco y consensuado; ambos, por supuesto, bajo la estela de Peggy, la esposa de Lancaster, el personaje que más desafía la credibilidad del espectador y que, asimismo, despliega un efecto hipnótico sobre su propio marido. Tal es así, que su omnipresencia enigmática y su monstruosidad parece obedecer más que ningún otro personaje al título de la obra. Ella es quien permanentemente se impone. Ella es el maestro.

Esta comparación, que puede parecer forzada, adquiere mucho más sentido si uno estudia a fondo Phantom Thread a partir de la conducta de Alma, y el modo en que logra hacerse visible en la intimidad de Reynolds. Durante la primera mitad de la película, es él quien da las órdenes, y que usa su técnica como diseñador para atraer a las féminas (sus clientes, sus empleados y sus amores son mujeres). No obstante, Alma recurre a lo que mejor conoce para intentar invertir los roles y así tener control sobre él. No hay que olvidar que ella se desempeñaba como camarera en un hotel, y tenía una particular afición por lo gastronómico. De hecho, el primer encuentro que tienen se da en el marco de un desayuno, en una zona más retirada y campestre. Y hay diversas referencias a lo alimenticio desde esta secuencia en adelante: la cena que ella desea prepararle como obsequio, la nota que le deja en la primera escena que comparten (“For the hungry boy: my name is Alma”), una cena en un restaurante, en que ella aparece con un vestido especialmente confeccionado para la ocasión y ante lo que él responde con un: “Very beautiful. You're making me extremely hungry”; en fin, una sucesión de pequeños indicios que van preparando el clima para que ella haga uso de su talento y, a través de unos hongos venenosos, someta (o infantilice) a Reynolds, desempeñando, de alguna forma, el rol de madre que él necesita. Esta vulnerabilidad en el cuerpo, que debilita además el espíritu y lo llena de miedo, es el que le da a Alma una ventaja sobre él, y que intenta mantener aun contra las indicaciones de un doctor y las persistentes apariciones de su hermana Cyril. El dominio de la gastronomía le permite imponerse por vez primera cuando vierte las toxinas en la taza de té. Luego de unos días de recuperación, él besa sus pies y le propone matrimonio. La institucionalización del vínculo amoroso es un primer canto de victoria, no sólo sobre el hermetismo de él, sino también sobre su cuñada.

En la citada The Master, Lancaster hacía una comparación entre el matrimonio y la domesticación de un dragón, al que se ata con un lazo, se lo saca a pasear, se lo sienta, y hasta puede enseñársele a rodar y a hacerse el muerto (ver escena). Que el comentario del personaje en el contexto de una boda sea cómico no lo hace para nada inocente. Por el contrario. Y si se piensa la función del lazo y de los hilos en uno y otro largometraje, es evidente que la imagen es la misma: la dependencia. Alma entiende y anhela hacerse con los hilos y las agujas para forjar un vínculo entrañable y duradero con Reynolds. Esto la lleva a redoblar la apuesta en la icónica (porque es, desde ya, una de las grandes escenas de la filmografía de Anderson) cena final, en que ella prepara un omelette con hongos venenosos que apuntan, una vez más, a doblegar el espíritu de Reynolds. Él parece aceptar su destino, firmando ese pacto secreto mediante el que ofrece su estómago y su espíritu a cambio del cuerpo de Alma (“every piece of me”). El nacimiento de un niño es el segundo canto de victoria, que desplaza de modo definitivo a la hermana y la corona como madre y esposa. Así, todas las supersticiones sobre la soltería quedan anuladas, y Alma consigue liberar a Reynolds, con su propio consentimiento (pese al juego de tiempos, miradas y silencios de la escena, está clara la disposición de él a dejarse llevar, y su frase "kiss me, my girl, before i'm sick" no deja margen de duda), del fantasma de su madre, rompiendo así los hilos más íntimos de una relación tortuosa (cualquiera que se detenga a comparar la iluminación del cuarto de Reynolds en la escena de la alucinación con aquella en la que Alma le lleva un té a la cama tras el fracaso del desfile, o con el plano final, notará una gran similitud que difícilmente sea casual). Pero la ruptura de estos hilos trae aparejada una nueva unión sentimental que lo reduce y lo hace dependiente de ella.

En definitiva, no interesan tanto las posibles reminiscencias del mito de Edipo (por la ausencia/muerte del padre en el recuerdo y el estrecho lazo sentimental con la madre) como la reflexión sobre la vulnerabilidad y la infancia. El tópico de la indefensión del niño reaparece en el tramo final, aunque ya venía anticipándose (con los berrinches en la escena de los espárragos y la pueril querella entre los amantes), y adquiere la forma de una nueva maternidad. Reynolds goza al ocupar este nuevo lugar y se abraza a la presencia resignificada de Alma en su vida. La escena en el cuarto de baño rompe con el tono, tal vez porque nadie imaginaría que una película tan centrada en la alta costura acabe en un sitio tan mundano y tan corriente; pero una vez más, en un desarrollo que concede a lo gastronómico tanto peso, no debería desconcertar que la obra siga el curso natural de la digestión, desde la abundancia del primer plato hacia la excreción y depuración del organismo. Paul Thomas Anderson es experto en descolocar al espectador, y lo desafía permanentemente. Este escatológico epílogo es una de las tantas muestras de uno de sus rasgos más característicos: el golpe final, un llamado de atención, un recordatorio de que no hay que tomarse demasiado a la ligera su trabajo, pero tampoco hay que tomárselo tan en serio. El resto está en la audiencia: en tratar de buscar en lo profundo y descubrir que ni la moda ni la comida son tan importantes como los hilos invisibles que nos atan a los otros, a los mechones de cabello, a las fotografías, a los muertos, a los recuerdos imborrables, a las cosas buenas, a las maldiciones, a los grandes amores...

domingo, 31 de diciembre de 2017

Resumen del año cinematográfico (2017)

La opinión general de la crítica especializada apunta a un bajón en la calidad cinematográfica de las obras estrenadas este año si se las compara con las producciones del 2016. El recuento que figura a continuación, que recoge los mejores trabajos vistos, según criterio del administrador, de alguna forma refleja esto: sólo tres títulos con fecha 2017 han conseguido hacerse lugar en el listado, mientras que los siete restantes corresponden a filmes que recién se han estrenado durante los últimos doce meses, y que, por lo tanto, no han figurado en el recuento del año anterior.
Sin muchos más rodeos, las menciones especiales (otorgadas a aquellas obras destacadas que no han logrado treparse a lo más alto del conteo) y las diez mejores películas vistas en el año.



MENCIONES ESPECIALES

Efterskalv, de Magnus von Horn (Suecia / 2015)
Divines, Houda Benyamina (Francia / 2016)
Juste la fin du monde (Sólo el fin del mundo), Xavier Dolan (Canadá / 2016)
Ma vie de Courgette, Claude Barras (Suiza / 2016)
O Ornitologo, João Pedro Rodrigues (Portugal / 2016)
Personal shopper, Olivier Assayas (Francia / 2016)
Rai (Paraíso), Andrei Konchalovsky (Rusia, 2016)
Good time, Ben Safdie & Joshua Safdie (Estados Unidos / 2017)
L'amant double, François Ozon (Francia / 2017)
The killing of a sacred deer, Giorgos Lanthimos (Gran Bretaña / 2017)
The square, Ruben Östlund (Suecia / 2017)
Toivon tuolla puolen (Al otro lado de la esperanza), Aki Kaurismäki (Finlandia / 2017)
Zama, Lucrecia Martel (Argentina / 2017)




TOP 10.

(10) The beguiled (El seductor)
Dir.: Sofia Coppola (Estados Unidos / 2017)

Un recordatorio de las grandes virtudes de Sofia Coppola como realizadora. Que tome como punto de partida la novela de Thomas Cullinan o el largometraje homónimo dirigido por Don Siegel no impide que la cineasta se apropie del material y lo asimile a un estilo propio que ha sabido formar a lo largo de los años. Prodigio estético y minado de sutilezas, la obra es mesurada y contenida. Ofrece un erotismo silencioso pero igualmente embriagador. La representación del universo femenino tiene una visión muy singular y delicada. El elenco se pone al servicio de una de las grandes voces del cine americano, que fue reconocida con el prix de la mise en scène en el Festival de Cannes. 



(9) Jackie.
Dir.: Pablo Larraín (Estados Unidos / 2016)

Era la prueba de fuego para el realizador chileno, y tenía todas las de perder: primera incursión en el cine norteamericano y con la biografía de uno de los personajes históricos de los Estados Unidos. El resultado fue más que alentador. Lejos de las convenciones del género, y con un tono más cercano a la ''mala leche'' de producciones anteriores, ofreció un equivalente a La reina, de Stephen Frears, desde el otro lado del Atlántico. La interpretación de Natalie Portman merecería un párrafo aparte. Es una obra compleja en muchos sentidos, con un tono profundamente incisivo, y uno de los estudios de personajes históricos más jugosos e íntimos de los últimos años. 



(8) Christine.
Dir.: Antonio Campos (Estados Unidos / 2016)

Indudablemente, una de las grandes sorpresas del año. Al igual que el trabajo de Larraín, también ofrece un estudio minucioso de un personaje protagónico femenino, basado en una historia real, pero de menor impacto global que la ex Primera Dama. Relata los infructuosos intentos de una periodista por hacerse visible en los diversos ámbitos que frecuenta allá por la década del setenta. Se agradece que, a pesar de lo escabroso del caso, Campos no tome una posición más sensacionalista. Después de todo, el 'hecho' en sí no es tan relevante, ni siquiera tan interesante, como las diversas capas del personaje, y es ahí donde está puesto el ojo. La actuación de Rebecca Hall se lleva todas las palmas. 



(7) Nelyubov.
Dir.: Andrei Zvyagintsev (Rusia / 2017)

El gran maestro del cine ruso actual vuelve a la carga con su quinto largometraje, un duro y amargo relato de búsqueda de un niño desaparecido cuyos padres se encuentran en pleno trámite de divorcio. Pero la estructura tiene particularidades que merece la pena mencionar: la trama policial (si cabe el término) tiene lugar recién en el segundo acto; durante el primero, Zvyagintsev realiza un abordaje genealógico, intentando explicar la angustia del niño in absentia, a través de la conducta de sus padres, que buscan destruirse el uno al otro al tiempo que intentan construir un vínculo amoroso con sus respectivas nuevas parejas. En el medio quedan las jóvenes criaturas, rehenes de familias sin amor, de sociedades individualistas y de instituciones estatales que no brindan amparo ni ayuda. 



(6) Aquarius.
Dir.: Kleber Mendonça Filho (Brasil / 2016)

Una de las obras más estimulantes del nuevo cine sudamericano, que habla sobre la convivencia conflictiva entre lo tradicional y lo nuevo, tomando como eje las disputas en torno a un edificio, el Aquarius, que una multinacional pretende convertir en un complejo comercial. Es un drama transgeneracional, pero también un drama político sobre la memoria histórica y sobre los cambios que experimenta Brasil en la actualidad. Con una retórica poderosa y una más que convincente Sonia Braga, cargándose sobre sus hombros el peso de un personaje protagónico como el de Doña Clara, ofrece un placer para los sentidos, por su estupenda puesta en escena, su técnica precisa y su exquisito final. 



(5) Silence (Silencio)
Dir.: Martin Scorsese (Estados Unidos / 2016)

Muchos años tuvieron que pasar para que Scorsese pudiera dar a luz la obra que tanto le interesaba crear, una nueva intervención en el terreno religioso, sobre la expansión de ciertos credos y el silencio de Dios. También echa luz sobre una época y una misión de la que poco se sabe, como la de los jesuitas en Japón, hacia el siglo XVII. Es un descenso al horror motivado por la búsqueda de un hombre que se ha rendido, algo similar a lo que ocurría en el drama bélico Apocalypse now, de Coppola (salvando las distancias). Las trampas de la fe, la apostasía y la mentira sugieren que los verdaderos fundamentos de las creencias se hallan en lo más profundo de la carne y el alma humanas, y no en los forzosos protocolos que aspiran a institucionalizar y monopolizar la religión de un pueblo. Obra apasionante e inquietante del mejor Scorsese. 



(4) Fai bei sogni (Dulces sueños)
Dir.: Marco Bellocchio (Italia / 2016)

Uno de los temas que a menudo reaparecen en el cine de este gran director italiano (uno de los mejores realizadores vivos, junto a Paolo Sorrentino) es el paso del tiempo, ligado a aquello que permanece inmutable. En Fai bei sogni, el protagonista ha vivido una infancia  fracturada y adulterada, pero lo ignora. Y al hacerse grande, va reviviendo esa fractura, que tiene mucho que ver con la ausencia de la madre, de muchas maneras, como si intentara, de forma inconsciente, contener el curso del río con las manos. Con un estilo pesadillesco, habla del terror que está más allá de lo accesible, lo oculto, lo real. Lo hace desde el amor maternal, el perdón y el dolor. Una película conmovedora y preciosa. 



(3) Sieranevada.
Dir.: Cristi Puiu (Rumania / 2016)

Las reuniones familiares en el séptimo arte merecen un capítulo aparte. Y si alguien se encargara de redactarlo, definitivamente no podría faltar el más reciente largometraje de Cristi Puiu, quien tal vez sea el exponente más sólido de la nueva ola de cine rumano. Razones sobran: es técnicamente prodigiosa, claustrofóbica y asfixiante, interpretada a la perfección y con diálogos muy ácidos. Al mismo tiempo, pinta un cuadro de costumbres sumamente interesante, la excusa perfecta para retomar algunos de los temas preferidos del cine rumano de hoy, como la ley y la tradición. Una obra densa en el mejor sentido de la palabra, desafiante e inteligente. 



(2) Call me by your name.
Dir.: Luca Guadagnino (Italia / 2017)

La nueva obra del cineasta italiano ha recogido aplausos alrededor de todo el mundo. Y hay que decirlo, las ovaciones son incontestables. Uno de los logros más notables en la historia del género romántico. El desconcierto, la emoción, el dolor, la decepción, la ilusión y el ardor del primer amor pocas veces se ha representado con tanta fidelidad en una pantalla. Y la química entre los intérpretes arrasa con todo. Se toma su tiempo para que el vínculo se vaya desarrollando de forma paulatina, y envuelve al espectador en una suerte de hechizo que, por fortuna, no se estanca en discursos de aceptación ni de género, porque entiende a la pasión como algo universal. En ese sentido, no sólo es una buena opción para enamorarse: también es una inmensa obra para aprender de ella. 



(1) Manchester by the sea (Manchester frente al mar)
Dir.: Kenneth Lonergan (Estados Unidos / 2016)

Una película terriblemente honesta sobre las distintas maneras de lidiar con el dolor y la culpa, intentando salir adelante para no hundirse. Habla de las relaciones afectivas con una humanidad que sólo unos pocos maestros tienen. Y Kenneth Lonergan puede jactarse de ser uno de ellos. Además de contar con un libreto extraordinario, lleno de matices, grandes momentos y personajes entrañables, también destaca por un trabajo de dirección que puede parecer fácil, pero que resulta muy arriesgado: es profundamente sutil, atenta al mínimo detalle, al gesto, a la mirada de angustia y a la comunicación familiar. Es una obra admirable, y sirve como vehículo de lucimiento a un titán como Casey Affleck, en una de las mejores interpretaciones de su carrera. Es una pequeña gran obra maestra. 

domingo, 26 de febrero de 2017

89ª entrega de los Premios Oscar - Segunda Parte (Favoritos)

Las preferidas del blog

Este año, la oferta de nominadas en la categoría reina asciende a nueve títulos. El sistema de votación permite un número cualquiera entre cinco y diez, aunque siempre suelen ser ocho o nueve las propuestas. De la selección no puede decirse demasiado. En principio, que es muy pobre en comparación con otras ediciones y, sobre todo, bastante floja dentro de un año cinematográfico que fue, hay que decirlo, muy bueno. Es, también, una selección cómoda y algo conservadora. La ausencia de títulos controversiales como Silencio, Jackie, Animales nocturnos, Christine o Elle ya advierte que un cine desafiante y difícil (para hacer y para ver) no tiene cabida en la premiación. Tal es así, que sólo Jackie cuenta con más de una candidatura (y casi por obligación: ignorar el trabajo superlativo de Portman o su diseño de vestuario habría sido una locura). Del resto, todas han conseguido una mención, excepto Christine, que brilla por su ausencia. A continuación, Una Locura de Película realiza un breve recorrido por los principales rubros, las producciones más destacadas, los artistas que deberían ganar esta noche y aquellos que nada tienen que hacer en el Kodak Theatre. Los listados siguen un orden preferencial. 



MEJOR PELÍCULA.

Los perfiles de las nominadas se repiten año tras año: títulos inspiradores que bregan por la aceptación y la igualdad, dramas bélicos rebosantes de patriotismo y sin un ápice de autocrítica, alguna que otra odisea lacrimógena sin escrúpulos, entre otros. El nivel es desparejo en estos nueve trabajos: mientras una mayoría se mantiene en un nivel promedio, hay algunos que se ubican bastante por debajo de la media. Manchester junto al mar, de Kenneth Lonergan, posiblemente sea la película americana del año. Es una obra de pequeñas proporciones, del estilo que, en la década del 80, habría tenido mayor reconocimiento. Un drama contenido, trágico, duro, filmado con admirable naturalismo, sin artificios, de manera precisa. La diferencia con el resto de las contendientes es demasiado amplia. Moonlight y La Llegada son trabajos estupendos, con puntos cuestionables, pero que dignifican la selección. Sin nada que perder es un thriller tragicómico a reivindicar, y que no podría haberse estrenado en mejor momento. En cuanto al título del año (porque lo es, le pese a quien le pese), La La Land, es un buen musical, ambicioso, y que, sin ser la obra maestra que sugieren sus catorce nominaciones (y que habrán de sugerir, muy probablemente, las diez o más estatuillas que se llevará en las próximas horas), es bastante disfrutable.

  1. Manchester junto al mar.
    Dir.: Kenneth Lonergan.
  2. Moonlight.
    Dir.: Barry Jenkins.
  3. La llegada.
    Dir.: Denis Villeneuve.
  4. Sin nada que perder.
    Dir.: David McKenzie.
  5. La La Land.
    Dir.: Damien Chazelle
  6. Talentos ocultos.
    Dir.: Theodore Melfi.
  7. Hasta el último hombre
    Dir.: Mel Gibson.
  8. Fences.
    Dir.: Denzel Washington.
  9. Un camino a casa.
    Dir.: Garth Davis.


MEJOR DIRECCIÓN.

El nivel de realización este año está por los cielos. Hay que decirlo. Cualquiera de los cinco trabajos merece el premio. Mel Gibson regresa a la gran pantalla para quedarse y hace gala de un virtuosismo que pocos tienen. Barry Jenkins, una enorme promesa, convierte la típica propuesta de personajes marginales que la pasan mal (por su color de piel, su orientación sexual, sus adicciones... o por todo eso junto) en algo más elevado, cargado de lirismo. Quizá demasiado lirismo, pero funciona. Denis Villeneuve, por su parte, se ha convertido en uno de los directores extranjeros más respetados y rentables de la industria. Y merecido lo tiene. Su intervención en La Llegada es clave. Pero el duelo está entre Kenneth Lonergan y Damien Chazelle. Sus películas son prácticamente opuestas. Una es una tragedia grisácea de bajo vuelo que deja un buen sabor de boca; la otra, un rimbombante musical de alto vuelo que deja un regusto amargo. Ambos lo hacen muy bien. Pero hay dos factores que inclinan la balanza de Una Locura de Película hacia el director de Manchester junto al mar: primero, que es difícil lucirse detrás de las cámaras con un drama independiente como este y, sin embargo, lo logra; segundo, un plano durísimo del lugar al que se muda Casey Affleck después de un episodio central en su vida. La sutileza lo es todo en Manchester junto al mar, y el control de Lonergan sobre todos y cada uno de los elementos que componen el filme es incuestionable.

  1. Kenneth Lonergan – Manchester junto al mar.
  2. Damien Chazelle – La La Land.
  3. Denis Villeneuve – La llegada.
  4. Barry Jenkins – Moonlight.
  5. Mel Gibson – Hasta el último hombre.




MEJOR ACTOR.

Faltaron nombres ilustres en el quinteto, pero la elección de la Academia es bastante acertada. Viggo Mortensen compone a un sujeto entrañable, pero eso no es demasiado difícil (sobre todo con un libreto de las características de Capitán Fantástico). Andrew Garfield explora al menos dos caras (la de tonto enamorado y la de tipo bonachón que salva vidas en el campo de batalla), todo un logro para un intérprete de poca monta. Ryan Gosling mantiene el mismo rostro de siempre, pero su carisma es innegable y se roba unas cuantas sonrisas, además de exhibir un nivel de preparación para el personaje por encima del de su compañera de reparto. Casey Affleck realiza una interpretación soberbia, contenida, meticulosamente elaborada, prolija y sutil. La Academia adora los papeles explosivos (además de los retrasados mentales, los homosexuales, los negros y los personajes de biopics), de modo que al pequeño Affleck puede jugarle en contra esa predilección por los personajes que llaman la atención. Denzel Washington es uno de estos: no para de hablar, grita, maltrata, somete, es violento y despreciable, pero hay algo que genera empatía. Es difícil saber qué es. Son dos actuaciones majestuosas y cuesta decidirse por una.

  1. Casey Affleck – Manchester junto al mar.
  2. Denzel Washington – Fences.
  3. Ryan Gosling – La La Land.
  4. Andrew Garfield – Hasta el último hombre.
  5. Viggo Mortensen – Capitán Fantástico.


MEJOR ACTRIZ.

La selección fue decepcionante. No era el año ideal para que Meryl Streep alcanzara la vigésima nominación al Oscar (aunque tarde o temprano lo iba a lograr). Tampoco era el año de Emma Stone aunque, dado que protagoniza la película del año, no hace demasiado ruido su presencia. Eso sí: no hay que olvidar que los nombres que figuran en el listado dejaron afuera a Amy Adams, a Taraji P. Henson, a Sonia Braga, a Rebecca Hall. Y la lista sigue. Pero hay tres nombres que están por justicia. Uno de ellos es el de Isabelle Huppert, una leyenda del cine universal (porque decir europeo sería recortar demasiado), sin miedo a nada, en una comedia negra controvertida y compleja. El rostro rejuvenecido de Huppert y su espalda de gigante se cargan el peso de las ambigüedades y convierten a Elle en una obra maestra de la provocación. Pero, de nuevo, la Academia no suele inclinarse hacia personajes que manejen tan bien la sutileza. Para dar un ejemplo: Emma Stone tiene, en La La Land, una escena ridícula en la que baila como una loca, al costado de una piscina, y hace morisquetas ante la cámara. Es posible que la joven intérprete lo gane. Aunque la única que tiene derecho a derrotar a la francesa es Natalie Portman, quien encarna a la ex primera Dama de los Estados Unidos, viuda de Kennedy. Es cierto que uno siempre ve a la actriz de origen israelí “haciendo de...”, pero eso tampoco tiene nada de malo. Es una buena estrategia para comprender todo lo que se pone en juego en un biográfico de estas características, el trabajo (que, sí, puede parecer forzoso) con la voz y con los gestos. En el medio queda Ruth Negga, en un rol notable que, dentro de una obra un poco mejor, habría tenido mayor relevancia en la temporada de premios.

  1. Isabelle Huppert – Elle
  2. Natalie Portman – Jackie
  3. Ruth Negga – Loving
  4. Emma Stone – La La Land
  5. Meryl Streep – Florence Foster Jenkins




MEJOR ACTOR SECUNDARIO.

Quizá deba declararse desierto y ya. No es que los cinco lo hagan mal, pero una estatuilla le quedará grande a cualquiera. Lucas Hedges hace algo muy bonito, pero uno no deja de pensar que podría haberlo hecho cualquiera. Dev Patel trata de asimilar la pronunciación australiana y ofrece una buena actuación, aunque no demasiado destacable (gran parte de la población mundial cree que el niño hace una mejor actuación que él, y tal vez nunca haya actuado antes, ni vuelva a actuar en el resto de su vida). Jeff Bridges tiene los mejores diálogos de Sin nada que perder, pero... ¿cuántas veces se lo ha visto ya con el rostro duro y la voz ronca de cowboy texano? Uno pierde la cuenta, y es normal que eso ocurra. Mahershala Ali aparece sólo quince minutos, pero si lo que importa es la calidad, y no tanto la cantidad (pregúntenle a Judi Dench, que ganó un Oscar por una sola escena), entonces podrá decirse que lo hace bastante bien. A primera vista, parece una actuación sencilla. Pero en verdad, es difícil caer tan bien siendo un personaje que se le revela, al protagonista, tan negativo. Esa ambigüedad (el muchacho generoso que es, a la vez, un narcotraficante) amerita un trabajo sumamente cuidado, y sí, Ali lo logra. En cuanto a Michael Shannon, decir que es un maestro es quedarse corto, y tal vez deberían dárselo, aunque sólo sea por respeto. El último bastión de los animales nocturnos tiene rasgos psicopáticos, y Shannon se permite jugar un poco con todo eso. Pero al igual que Bridges, ¿cuántas veces ha hecho lo mismo ya?

  1. Mahershala Ali – Moonlight.
  2. Michael Shannon – Animales nocturnos.
  3. Jeff Bridges – Sin nada que perder.
  4. Dev Patel – Un camino a casa.
  5. Lucas Hedges – Manchester junto al mar.


MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA.

Esta categoría se resuelve fácil. Viola Davis repite posturas (se sabe que es la actriz viva que mejor llora en Hollywood) y lo vuelve a hacer extraordinariamente bien. No hay razones para que no se lleve la estatuilla. Sus cuatro competidoras no hacen nada memorable. Michelle Williams tiene una escena fantástica en la que llora sin lágrimas y habla como si fuera a quedarse ahogada y a ponerse verde. Nicole Kidman se calza una peluca de payaso y finge que prefiere adoptar niños pobres, enfermos y abandonados antes que tener los propios. Octavia Spencer recicla su “hmm.. hmm”, inmortalizado en Historias cruzadas, y abre bien los ojos para volver a hacer lo que hace siempre. Y Naomie Harris interpreta a Mo'Nique, en Precious, pero sin vello en las axilas, y sin que le salga tan bien. Nada que agregar.

  1. Viola Davis – Fences.
  2. Naomie Harris – Moonlight.
  3. Michelle Williams – Manchester junto al mar.
  4. Nicole Kidman – Un camino a casa.
  5. Octavia Spencer – Talentos ocultos.


MEJOR GUIÓN ORIGINAL

El guión que Efthimis Filippou y Giorgos Lanthimos hicieron para Langosta es tan excéntrico y alocado que merece figurar en una categoría especial dedicada a libretistas con desequlibrios mentales y/o autores griegos. Hace que el libreto que un joven Chazelle escribiera, años atrás, para La La Land, parezca un garabato hecho por un bebé. Sin ofender. Después de todo, es mejor que el que escribió para Whiplash, tiene más aristas, pero no deja de ser demasiado simple en comparación con otros trabajos, como Sin nada que perder o Manchester junto al mar. Los diálogos, en un caso, y la construcción de personajes, en el otro, son puntos fuertes en estos trabajos. Finalmente, está 20th century women, que no ha sido vista ni estrenada hasta la fecha y que, por lo tanto, no será tenida en cuenta para el orden preferencial. 

  1. Langosta.
  2. Manchester junto al mar.
  3. Sin nada que perder.
  4. La La Land.
  5. 20th century women.


MEJOR GUIÓN ADAPTADO.

Si la categoría de realizadores estaba por los cielos, la de adaptadores está por los suelos. Fences posee un texto original magistral, pero la línea entre la adaptación, la transcripción y la fotocopia es demasiado delgada para que figure en el quinteto. El libreto de Un camino a casa es bochornoso, disperso, inverosímil y manipulador. Cuesta creer que cualquiera de estas dos películas haya dejado afuera a la adaptación que Tom Ford hace de Tres noches, la novela de Austin Wright. En cuanto a los otros tres trabajos, señalar que Talentos ocultos toma decisiones ingeniosas, Moonlight trata de hacer malabares con un segundo acto mil veces visto, y La Llegada no puede esquivar un solo tópico.

  1. Talentos ocultos.
  2. Moonlight.
  3. La llegada.
  4. Lion.
  5. Fences.




Preferencias en las categorías restantes.

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Ave, César.
MEJOR DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: La La Land.
MEJOR MONTAJE: La La Land.
MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO: Jackie.
MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA: Star Trek.
MEJORES EFECTOS VISUALES: Kubo y las cuerdas mágicas.
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL: "City of Stars" – La La Land.
MEJOR BANDA SONORA ORIGINAL: Jackie.
MEJOR MEZCLA DE SONIDO: Hasta el último hombre.
MEJOR MONTAJE DE SONIDO: Hasta el último hombre.
MEJOR PELÍCULA ANIMADA: Zootopia.
MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA: Toni Erdmann.



Recuento.
Manchester junto al mar (3) [Mejor película, mejor dirección, mejor actor]
La La Land (3) [Mejor dirección de fotografía, mejor montaje, mejor canción]
Jackie (2) [Mejor diseño de vestuario, mejor banda sonora original]
Hasta el último hombre (2) [Mejor montaje de sonido, mejor mezcla de sonido]
Ave, César, Star Trek, Kubo y las cuerdas mágicas, Zootopia, Toni Erdmann, Elle, Talentos ocultos, Moonlight, Fences, Langosta (1)


sábado, 25 de febrero de 2017

89ª entrega de los Premios Oscar - Primera Parte (Predicciones)

La importancia del record.

La entrega de los premios Oscar constituye una cita obligada para los cinéfilos. En muchos casos, contra su voluntad. Nadie se atrevería a cuestionar su importancia para la cultura popular y su incidencia en el mercado. Tal es así, que no son pocos los ejemplos de producciones fuertemente denostadas por el público tras una muestra generalizada de apoyo por parte de la industria. Las catorce candidaturas que ostenta La La Land, de Damien Chazelle (el título del año, le pese a quien le pese), han recrudecido las discusiones. Este enfrentamiento faccioso entre fanáticos y haters redujo la zona gris a la mínima superficie posible, como si fuera insultante, frente a un proyecto artístico de tal envergadura, expresarse con indiferencia o tibieza. No cabe duda de que la intensidad del amor y del odio por esta cinta debe bastante a la postura de la Academia, que está luchando con todas sus fuerzas para poder contar con el titular “La La Land iguala a Titanic” el lunes próximo. Es que, con todos sus defectos, Chazelle rodó la obra que tiene hablando a todo el mundo, y tampoco hay que quitarle mérito a eso. Lo que no quita, por otra parte, que un número tan alto y tan borgiano como el catorce resulte escandaloso y exagerado.

Cuando se anunciaron las candidaturas, muchos se ruborizaron al ver cómo Emma Stone formaba parte de un quinteto que no contaba con Amy Adams, Sonia Braga, Taraji P. Henson, Rebecca Hall ni con un buen puñado de otros nombres de grandes intérpretes femeninas. También se rieron, de manera involuntaria, cuando reconocieron su diseño de vestuario, que poco tiene de sobresaliente (más allá de las estadísticas, completamente desfavorables para diseños contemporáneos). La candidatura a montaje sonoro hizo que muchos se preguntaran si se trataba de una broma (no lo era). Tampoco fue chiste la nominación de Chazelle como libretista. La Academia se pronunció con seriedad al respecto, y no escatimó en mimos hacia una producción que homenajea a la industria (es decir, los homenajea a todos ellos, los votantes) y se retuerce en un pasado en el que crecieron muchos de los votantes más longevos.

Es posible que varios de estos académicos octogenarios (que los hay, y son muchos) marcaran con una cruz todo lo que dijera La La Land, porque la película, hay que decirlo, es una golosina para nostálgicos, y difícilmente dejara en ellos una mala impresión. También es posible que aquellos que marcaron la opción de montaje sonoro no tuvieran ni la más remota idea de qué significa o cuál es la diferencia con el rubro que reconoce a la mejor mezcla de sonido. Uno puede imaginar, también, que el humo del café empañó los lentes de unos cuantos, e hicieron garabatos en la papeleta. No importa. La Academia consiguió el primer titular: “La La Land empata las catorce candidaturas de Titanic”. También empató las de La malvada, pero eso no le importa a nadie más que a los cinéfilos, y ese público es siempre incondicional. Además, el perfil de ambas es similar, salvando las distancias. Sobre todo, porque tanto Cameron como Chazelle narran una historia de amor haciendo uso (y abuso) de la técnica. Y el resultado es, en los dos casos, memorable.

En pocas horas se conocerán los ganadores en las veinticuatro categorías. La La Land figura en trece de ellas (y, en el rubro de las mejores canciones originales, cuenta con dos propuestas, con lo que completaría las catorce tan buscadas), y existe una gran posibilidad de que arrase. Su triunfo es un hecho, pero la duda pasa por otro lado: si su cosecha será inferior, igual o superior a la decena de estatuillas. Diez son los premios que se llevó Amor sin barreras, otro musical, hace medio siglo. Pero ese no sería un gran titular, porque más de la mitad de los espectadores que vieron La La Land no saben qué es eso. Con nueve, tal vez, se perdería en un largo listado de ganadoras que, con el tiempo, fueron reivindicadas por algunos y criticadas por otros. Con once, empataría a Titanic, a Ben-Hur y a El retorno del rey, y los organizadores quedarían satisfechos con el resultado. No deja de reflejar un amor enfermizo por la película, como el de un muchacho que persigue por la calle a su enamorada. Con doce, revelaría el grado de locura (y de narcisismo) de la industria, pero la Academia bien conoce los límites del ridículo y sabe perfectamente cómo especular con ellos.

La La Land será la gran ganadora. El hecho de no molestar a nadie es su gran virtud y, en una gala que estará repleta de tensiones (discursos cruzados, iraníes maltratados y muchas caras largas), eso merece su recompensa. La pregunta es: ¿su victoria será moderada o arrasará con todo? ¿Logrará el glorioso titular? Acá, las predicciones de Una Locura de Película en todas las categorías correspondientes a largometrajes.


MEJOR PELÍCULA: La La Land.

MEJOR DIRECCIÓN: Damien Chazelle – La La Land.

MEJOR ACTOR: Casey Affleck – Manchester junto al mar / Manchester by the sea.

MEJOR ACTRIZ: Emma Stone – La La Land.

MEJOR ACTOR SECUNDARIO: Mahershala Ali – Moonlight.

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA: Viola Davis – Fences.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA: Zootopia.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA: Toni Erdmann.

MEJOR DOCUMENTAL: Life, animated.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL: La La Land.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO: Moonlight.

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN: La La Land.

MEJOR DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: La La Land.

MEJOR MONTAJE: La La Land.

MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO: La La Land.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL: "City of stars" – La La Land.

MEJOR BANDA SONORA ORIGINAL: La La Land.

MEJOR MEZCLA DE SONIDO: La La Land.

MEJOR MONTAJE DE SONIDO: Hasta el último hombre / Hacksaw ridge.

MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA: Escuadrón suicida / Suicide squad.

MEJORES EFECTOS VISUALES: El libro de la selva / The jungle book.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Resumen del año cinematográfico (2016)

Las nuevas formas de comunicar (y comunicarse) han relegado al mundillo blogger a un segundo plano. A pesar de la merma en el número de visitantes y, mea culpa, en el número de entradas, Una Locura de Película aspira, al menos, a preservar algunas de sus costumbres. Entre ellas, el resumen del año cinematográfico, un recuento de los mejores títulos vistos en los últimos doce meses, que incluye además otros estrenados previamente pero no vistos hasta entonces. Un nuevo año se aproxima y hacer balances es inevitable. Queda mucho cine por ver pero, tomando como base casi dos centenares de largometrajes producidos a lo largo y ancho del mundo, una cosa parece cierta: la calidad en este 2016 ha sido la más alta del último lustro. Son tantas y tan buenas películas que resulta penoso no poder incluirlas siquiera en la tradicional sección de las menciones especiales. Para no dejar de recomendarlas, van a continuación algunas: Joy (David O. Russell), Cemetery of splendour (Apichatpong Weerasethakul), The nice guys (Shane Black), Théo et Hugo dans le même bateau (Olivier Ducastel & Jacques Martineau), Elle (Paul Verhoeven), Swiss Army Man (Daniel Scheinert, Dan Kwan), L'avenir (Mia Hansen-Love) y The alchemist cookbook (Joel Potrykus)

El cine latinoamericano puede presumir de contar con varias presencias en el listado oficial. En el caso particular del cine argentino, que no ha llegado a colarse en las menciones, dos títulos destacan sobre el resto: la comedia negra premiada en el Festival de Venecia, El ciudadano ilustre (Mariano Cohn & Gastón Duprat), y la estupenda ópera prima proyectada en el Festival de Cannes, La larga noche de Francisco Sanctis (Andrea Testa & Francisco Márquez). Ambas encaran dos formas radicalmente distintas de hacer cine pero, al mismo tiempo, coinciden en su objetivo de remover conciencias. Dos trabajos que ponen la vara muy alta y que hacen de la industria nacional una máquina exportadora y sumamente competente. Mucha menos suerte han tenido las tres triunfadoras de los festivales europeos más importantes: no aparecen en el listado Fuocoammare (Gianfranco Rosi), I, Daniel Blake (Ken Loach) ni The woman who left (Lav Díaz). Sin embargo, esta última no ha sido vista hasta la fecha, por lo que podría llegar a formar parte de la próxima selección, en 2017.

Sin más rodeos, a continuación, un puñado de obras notables ordenadas alfabéticamente y, seguido a esto, el habitual Top 10 del año.


MENCIONES ESPECIALES.
(Ordenadas alfabéticamente según título original)


45 years / 45 años (Andrew Haigh, UK, 2015)
Conmovedor retrato de una crisis matrimonial en la tercera edad. Habla del paso del tiempo, la fragilidad de las relaciones (incluso las más consolidadas) y la vertiginosa sensación de perderlo todo. Un recital de sutilezas. Debe su impacto a la voz inigualable de Tom Courtenay y al efecto embriagador de la mirada abatida de Charlotte Rampling. 


Ah-ga-ssi / La doncella (Park Chan-wook, KOR, 2016)
Delicatessen sadomasoquista. Obra narrativamente enrevesada construida sobre una retórica del engaño. Está llamada a ser una de las películas que han rendido un más grandioso tributo al cuerpo de la mujer en los últimos años. Park logra un erotismo desesperado y sumamente verosímil sin ser tan explícito. Sus intérpretes son pura dinamita.


Arrival / La llegada (Denis Villeneuve, EUA, 2016)
Ciencia ficción de ideas, como le dicen ahora. De a ratos contemplativa, de a ratos enérgica; apunta a lo emocional pero, al mismo tiempo, no deja de lado los hechos científicos. Habla del lenguaje, de la capacidad de enseñar y aprender, del contacto con 'lo otro' y de cómo puede favorecer un conocimiento integral del tiempo, del mundo...


Busanhaeng / Estación zombie (Yeon Sang-ho, KOR, 2016)
La obra de zombies más estimulante en mucho tiempo. Puro ritmo a bordo de un tren donde todo puede ocurrir. El cine surcoreano ha alcanzado, este año, un nivel de calidad muy alto, y Yeon sabe jugar con el género como pocos. Además de una cinta electrizante sobre muertos vivos, es un brillante estudio de hombres al borde de la desesperación. 


Chevalier (Athina Rachel Tsangari, GRE, 2015)
Una muestra más de la originalidad de los griegos a la hora de hacer cine. Una comedia negra sobre seis hombres que se divierten con un juego en el que deben juzgarse unos a los otros en todo lo que son y lo que hacen. Valoraciones, estrategias, alianzas y traiciones, todo es posible en el marco de un divertimento que otorgará al 'mejor en general' el premio mayor: el anillo de caballero. 


Desde allá (Lorenzo Vigas, VEN, 2015)
Realismo urbano y dos intérpretes de primera categoría en un drama de pocas palabras, muchos silencios y una tensión que no da el más mínimo lugar al goce (ni de la audiencia, ni de los personajes). Afectos de alquiler, manipulación y un realizador debutante que sabe distanciarse y hacer uso de la sugerencia constante para habilitar un sinfín de interpretaciones posibles.  


Eisenstein in Guanajuato (Peter Greenaway, HOL, 2015)
La excéntrica vida (o algo que se le parezca) de Eisenstein, el prestigioso director soviético, durante su estadía en México. Comedia satírica en una suerte de Amadeus del séptimo arte. Hiperbólica representación del deseo sexual y de las libertades de un personaje histórico (y sumamente representativo de la cultura) que, probablemente, no supiera lo que era la verdadera libertad hasta llegar a Centroamérica.   


El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra, COL, 2015)
Dos viajes, un misterio oculto en el corazón de una comunidad nativa. Dos expediciones al Amazonas cuyo objetivo era el hallazgo de una planta a la que se le atribuían poderes mágicas. Dos viajes o, tal vez, dos versiones de un mismo viaje en las que puede verse la destrucción que ha dejado, a su paso, el tiempo, la evolución de la civilización y el deterioro de la naturaleza a causa de la explotación a la que la ha sometido el hombre. O dos viajes entre tantos otros desconocidos, de búsquedas infructuosas, de conocimientos que no alcanzaron la trascendencia y que se evaporaron en el tironeo entre dos culturas que, al colisionar, se negaron a adaptarse la una a la otra, por intolerancia, miedo, o por la mera supremacía intelectual. Extenuante, agotadora, compleja e impresionante. Canto hacia lo otro, lo 'no testimoniado', lo que quedó en el camino. 


Joshy (Jeff Baena, EUA, 2016)
La revelación de Sundance. Una pequeña gran comedia dramática sobre la pérdida y la posibilidad de salir adelante con la ayuda de los más allegados. Una reunión entre amigos en una casa de fin de semana, fiestas, juegos, alcohol, lo que se dice y lo que se calla. Un reencuentro que nunca va a ser igual después de la tragedia, pero que mantiene viva la esperanza de salir a flote. Una película preciosa. 


L'hermine (Christian Vincent, FRA, 2015)
No es la típica comedia de ogros humanizados. Christian Vincent compone una cuidadosa crítica del sistema judicial del país galo en la actualidad, un sistema en el que todo es puesta en escena, performance, y en el que las impresiones muchas veces acaban imponiéndose a la razón crítica. Registro tragicómico para relatar el vínculo entre un juez huraño y una joven doctora, miembro del jurado. Exquisita.  


Midnight special (Jeff Nichols, EUA, 2016)
Otra producción notable de ciencia ficción. Un elenco brillante y una historia sencilla, sin grandes efectos ni demasiado presupuesto, deudora del Spielberg de la década del ochenta. Jeff Nichols se niega a hacérnosla fácil, y ofrece un trepidante thriller en clave de enigma, que nos arrastra durante gran parte de su metraje preguntándonos qué estamos viendo. Hasta ese milagroso plano final, Midnight special es magia pura. 


Mot naturen (Ole Giaever, NOR, 2014)
Películas con personajes desesperados que deciden hacer un viaje al interior de la naturaleza para autodescubrirse ha habido muchas, pero ninguna como esta. El filo de los monólogos en off estructuran un drama introspectivo simple pero eficaz, que habilita lecturas llamativas vinculadas a la necesidad sexual, al deseo y a la culpa. A veces, menos es más. 


Shan he gu ren / Lejos de ella (Jia Zhang-ke, CHI, 2015)
Pasado, presente y futuro. Tres momentos, tres lugares, y una historia que se abre en muchas. Un triángulo amoroso, una toma de decisiones forzosa y apresurada, y el destino de varios en juego. Melodrama inolvidable con una Zhao Tao inmejorable. Un tono repleto de sensibilidad que, sin ser demasiado sutil, agita emocionalmente al espectador. Otro de los platos fuertes del año pasado, injustamente infravalorado.


The hateful eight / Los ocho más odiados (Quentin Tarantino, EUA, 2015)
Otra deliciosa historia de venganzas firmada por Quentin Tarantino. Segundo western al hilo que reúne a ocho personas en una cabaña, en medio de la nieve y de la nada. Todo es diálogo y atmósfera, manejo de tensiones, crescendos, raccontos, y la textura tarantinesca, que no escatima en hemoglobina. Grandes personajes para el recuerdo en una cinta de casi tres horas cuyo ritmo apenas decae.  


The witch / La bruja (Robert Eggers, UK, 2015)
La mejor película de terror en muchos años. Tal es así, que su ausencia en el Top 10 debería ser prueba suficiente de la calidad que ha habido en estos últimos meses. Ópera prima avasallante, un cruce entre Shyamalan, von Trier y Haneke que acaba resolviéndose con la emergencia de una voz nueva, la de Robert Eggers, en una producción ambientada en el siglo XVII. Envolvente y sugestiva, sin sobresaltos, pero de una atmósfera escalofriante. 




TOP 10.



10. Nocturnal animals / Animales nocturnos.
Dir.: Tom Ford [Estados Unidos, 2016]

Un thriller oscuro sobre venganzas que habla de las condiciones de producción y recepción literarias. Lectores burgueses que usan la literatura para escapar de una realidad que no los satisface, escritores bohemios que usan la literatura para vengarse de quienes no creían en ellos. Dos tramas cruzadas que se responden una a la otra y que entretejen el verdadero sentido de una obra críptica como Nocturnal animals. Desde su extraordinario opening, uno no puede apartar la mirada. Es parte del contrato: beber cine y literatura para saciar una sed profunda, aun cuando sintamos rechazo hacia lo que vemos o leemos. Juego de espejos que nos involucra, nos hace partícipes y no nos deja indiferentes. 




9. Comoara / El tesoro.
Dir.: Corneliu Porumboiu [Rumania, 2015]

Porumboiu es uno de los grandes exponentes del nuevo cine rumano y El tesoro, nueva incursión en el terreno humorístico (hasta cierto punto), lo ratifica. Uno de los libretos más redondos e inteligentes provenientes de ese país. Y de cualquier otro. Lo que comienza siendo una alocada búsqueda del tesoro se convierte rápidamente en una feroz crítica al repertorio de leyes, al estancamiento del país y, finalmente, una brillante reflexión del modo en que la literatura y la cultura popular se imponen en la comprensión de ciertos episodios. La búsqueda del tesoro sólo es exitosa si se encuentra oro. Si resuelve viejos enigmas sobre el pasado de la nación, quizá no sea tan productiva después de todo. 




8. Steve Jobs.
Dir.: Danny Boyle [Estados Unidos, 2015]

La obra que merecía el gran Steve Jobs. Un drama en tres tiempos que maneja los tiempos y las estructuras del teatro y sigue los backstages de cada una de las tres presentaciones públicas de algún producto de su creación. Diálogos a la velocidad del rayo y personajes que orbitan alrededor de la apasionada figura de Jobs, delineando su carácter. No se trata de un biográfico convencional ni sencillo, esquiva todos los lugares comunes y se pone siempre al servicio de su estrella, sin juzgarlo, dejando que la acción fluya y que todo hable por sí solo. 




7. Goksung / El extraño.
Dir.: Na Hong-jin [Corea del Sur, 2016]

Tercera presencia del país asiático en el recuento. No debería sorprender, mucho menos a aquellos que ya conocen la capacidad que tienen los coreanos para explorar los terrenos de la violencia y el gore. Esta película se mueve a través de varios géneros y registros, que van de la comedia negra al terror psicológico, pasando por muchos otros intermedios. El resultado: dos horas y media que no dan respiro. Lo que, a priori, parece ser un simple policial, se abre paso en el universo de lo sobrenatural y se vuelve implacable. Tiene, al menos, tres escenas que podrían figurar entre las mejores que se han filmado en la década. Hay sangre. Mucha. Y momentos que impresionan e incomodan. Pero hay un trasfondo discursivo que compensa todo ese rechazo que ciertas imágenes puedan generar: la xenofobia, la paranoia, la fe y las determinaciones en momentos límite. Habla de lo monstruosos que podemos llegar a ser cuando estamos por perderlo todo. Quizá los extraños no sean los otros, sino nosotros mismos. 




6. The neon demon.
Dir.: Nicolas Winding Refn [Francia, 2016]

Una de las producciones más tristemente denostadas por la crítica especializada en el año. Si eso sirve para que se vuelva más visible, entonces bienvenido sea. Reseñada y analizada in extenso en este mismo sitio, se trata no solamente de una de las producciones más sobrecogedoras desde el punto de vista artístico, sino también de una de las más controversiales y desagradables desde lo que se retrata: el modo en que el mundo del modelaje (y otros tantos mundos que exprimen el cuerpo de unas jóvenes soñadoras y lo capitalizan para su propio beneficio) abusa de la ingenuidad de las advenedizas. Hay otras dimensiones de vital importancia, revisadas en la crítica, y una complejidad simbólica que demuestra que nada es azaroso ni arbitrario en el cine de Refn, uno de los más interesantes en la actualidad. 




5. Anomalisa.
Dir.: Duke Johnson & Charlie Kaufman [Estados Unidos, 2015]

Un milagro del crowdfunding. Animación para adultos que usa un curioso recurso para desarrollar una de las patologías de las sociedades contemporáneas: la sensación de monotonía que el mundo y los demás le producen. El personaje principal padece este trastorno y absolutamente todo le suena igual hasta que conoce a alguien diferente, por quien es capaz de dejarlo todo. Kaufman, guionista de algunas de las mejores películas de las últimas dos décadas, apuesta al minimalismo y entrega una obra desoladora y triste, casi desesperanzada. Retrato humano fascinante, melancólico y pesadillesco.




4. Toni Erdmann.
Dir.: Maren Ade [Alemania, 2016]

El tercer largometraje de la realizadora alemana Maren Ade también tiene algo de milagroso, pero no por el crowdfunding, sino por el hecho de haber engendrado una comedia alemana (sí, parece un oxímoron) de más de dos horas y media, absolutamente irresistible, inteligente e increíblemente divertida. Además, sus aspiraciones son de lo más nobles: hacer feliz al espectador, hacerle pasar un grato momento. De eso habla y eso hace. El personaje de Toni Erdmann, interpretado por Peter Simonischek, ya se ha vuelto un clásico. Al igual que la película, ya que, al día de hoy, ofende que el jurado del Festival de Cannes no le haya dado ningún premio. Claramente no los necesita. Las carcajadas del público son una recompensa más que suficiente. Es desopilante. 




3. Julieta.
Dir.: Pedro Almodóvar [España, 2016]

Melodrama en seco. Presenta todos los componentes del cine del manchego pero adopta un tono distinto, sin exageraciones, sin notas falsas, absolutamente comprometido con sus personajes y con la apasionante historia que cuenta. El grado de complejidad con el que se maneja desde el libreto prácticamente no tiene precedentes en su filmografía. Culebrones hubo siempre, incluso en sus mejores trabajos, pero en Julieta añade símbolos y correspondencias que, en última instancia, nos hablan de todo lo que estamos dispuestos a hacer para no estar solos. Filiaciones conflictuadas, aliento almodovariano y la experiencia de toda una vida dedicada al séptimo arte la vuelven no sólo uno de los títulos del año, sino uno de los puntos álgidos de una trayectoria intachable. 




2. Sangue del mio sangue / Sangre de mi sangre.
Dir.: Marco Bellocchio [Italia, 2015]

Dos instantáneas de Italia: la de antes y la de hoy. Dos caras de una misma moneda, con marcas que la atraviesan y que se hacen visibles en ambos lados. Marco Bellocchio no necesita demostrar que es uno de los mejores realizadores europeos vivos, pero nunca está de más que nos bendiga con obras de este calibre. Realiza una profunda reflexión sobre el paso inexorable del tiempo, el devenir del hombre, las bruscas transiciones y el lugar de la fe, al tiempo que indaga en todo aquello que queda en el medio, las zonas grises e inexploradas entre el Paraíso y el Infierno, la espiritualidad y la materialidad, la vida y la muerte, el pecado y la expiación. La constelación simbólica opera mediante correspondencias entre las dos partes e introduce, a modo de epílogo, una tercera variante que fractura la linealidad y bucea en ese cenagoso intermedio, procurando cerrar una historia que, en realidad, no se cierra nunca. El binomio luz/oscuridad estructura el espacio y recrea una paradoja del enclaustramiento. Película audaz, con escenas milagrosas, violentos contrastes, un verdadero viaje hacia un pasado que aun pervive en aquellos monumentos que algunos han olvidado y que otros todavía habitan. 




1. El club.
Dir.: Pablo Larraín [Chile, 2015]

El nuevo cine que se produce en América Latina está demostrando que puede dar batalla, y uno de los principales culpables es Pablo Larraín, joven director chileno, responsable de la obra maestra que lidera este ranking. Se trata de El club, obra necesaria, crítica, siniestra, crudelísima y sobrecogedora, capaz de asfixiar, enervar y volverse insoportable. Es comprensible que a la audiencia pueda resultarle demasiado dura, sobre todo teniendo en cuenta que recuerda constantemente que todo lo que se cuenta es real, existe por fuera de la pantalla. Es chocante, pero no hay que dejar de verla. Es compleja en muchos aspectos, sumamente ingeniosa y endemoniadamente irónica. El atrevimiento que supone adoptar el humor negro para referir episodios como los que ocultan los personajes del film deja en claro por qué a Larraín se lo respeta tanto: porque no tiene miedo a caer mal y porque confía en su capacidad para hacer un cine personal que tenga algún tipo de valor más allá de lo estético. Superlativa.   

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